Vivir la Cuaresma, con, por y en el amor

El camino de la Cuaresma es «tiempo favorable»1 para ir hacia «la matriz de nuestra aventura cristiana»2 que es la Pascua.

En estos 40 días recorreremos los caminos trazados por Jesús, para descubrir nuestra verdadera identidad: somos hijos de la vida y alegría, y por tanto hijos de la Pascua.

Para llegar a esta plenitud, la propuesta eclesial de oración, limosna y ayuno se condensa en el pasaje de Mateo: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente… (oración). Amarás a tu prójimo (limosna) como a ti mismo (ayuno)”3

Estas tres actitudes nos llevan a mejorar nuestra relación con Dios, con el prójimo y con nosotros mismos; y a reordenar, renovar y reorientar nuestras vidas hacia el descubrimiento de nuestra identidad. ¡Somos hijos de la alegría de la Pascua!

Oración

Incienso de agradecimiento y alabanza. 

Fuente de paz y depósito de esperanza.

Comunicación, relación y apertura

a la Santísima Trinidad; una amorosa aventura.

Limosna

A quién da, recibe el doble de lo que se ha dado.

A la mano que se extiende, una vida puede ser recobrada.

A la escucha sincera, un secreto puede ser custodiado.

Al corazón que ama, un dolor puede ser consolado.

Ayuno

Ayunar de si mismo.

Ayunar del propio orgullo y autosuficiencia 

Ayunar de nuestro egoismo y amor propio.

Descubrir que somos frágil, en su estado puro y duro.

Estas tres palabras se desarrollan en el ambiente del silencio, en el secreto, en lo escondido. No es necesario, por tanto, que todo el mundo sepa cómo y dónde vivimos estas tres palabras. 

El silencio convierte estas relaciones hacia Dios, prójimo y nosotros mismos en una fuente de solidez y liberación: solidez en nuestras relaciones y liberación de las ataduras de glorias y reconocimientos.

También se solidifican estas tres palabras «con, por y en el amor».

La oración es una postura de humildad y verdad. Miramos al Dios que nos conoce más que a nosotros mismos. Mirar a Él es descubrir quién somos verdaderamente, tal cual como Él nos mira. 

La limosna dirigida al hermano es un gesto de aproximación, de reconocimiento de su dignidad como hijo de Dios. Esta relación con el hermano nos hace descubrir la belleza de la comunión, de la empatía y de la humanidad. 

Con el ayuno, entraríamos al régimen para adelgazar la confianza narcisista que tenemos de nosotros mimos. A veces, nos creemos autosuficientes, temerosos de no ser el centro.

Este humanismo llevado a su exageración nos aleja de la verdad que somos criaturas. Como criaturas, necesitamos un Padre; un Dios que se encarna, muere y resucita para llevarnos en plenitud, o sea, en la verdadera felicidad. 

Por tanto, silencio y amor, son los dos pilares que apoyan nuestra oración a Dios, nuestra limosna al hermano y el ayuno de nuestro individualismo

Bibliografía recomendada

Os recomendamos algunos libros que pueden ayudar en este tiempo de Cuaresma:

Saber escuchar
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Diez camellos arrodillados
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Caminando en la presencia de Dios
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Padre nuestro que estás en el infierno
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El regreso
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¿Quién dijo que todo está perdido?
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Puedes visitar nuestra Red de librerías Paulinas para encontrar más libros sobre este tema, y además a través de: Librería Virtual Paulinas

¡A todos Feliz Camino de Cuaresma hacia la Pascua!

Notas:

  • 1 Cfr. 2Cor 20: 6,2.
  • 2 Botella, Vicente, op., Homilía – miércoles de Ceniza, 14 de Febrero 2018.
  • 3 Cfr. Mt 22, 37 – 39.

Escrito por: Nikki Ramos, fsp

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