“Mirar, Estremecerse, Asombrarse”

Una lectura apasionante e innovadora que ayuda a percibir la bondad de Dios en medio de los aconteceres cotidianos.  

El libro se compone de ocho capítulos con títulos asombrosos.

El primero marca el hilo conductor de los otros. La alternativa es clara: admirar o asombrarse.

Todos están organizados siguiendo un mismo esquema: reflexión, petición bíblica, y unos poemas o codas finales para orientar la reflexión interior del lector.

Todos tenemos nuestro altar particular repleto de ídolos. Nos sumergimos en lo fantástico. La ciencia y la técnica han mejorado nuestras condiciones de vida, pero nos han incapacitado para asombrarnos.

El asombro reclama ingenuidad para ignorar la explicación que lo causa. Es “un no sé qué que quedan balbuciendo”- decía San Juan de la Cruz.

Jesús nos recuerda que si la hierba que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, Dios la viste con tanta hermosura, ¿Qué no hará más por nosotros, gente de poca fe?

Dios se abre al atento humilde. Los niños nos enseñan a asombrarnos. Nosotros – torpes adultos- intentamos calmar sus aburrimientos con maravillosas consolas y caprichos sin fin.

Dios siempre está a nuestro lado, incluso en el dolor. Ser cristiano es reconocer a todos los seres humanos con la misma dignidad.

¿Me dejo arrastrar por una mirada superficial de las apariencias? Nada es profano para quién sabe ver”, escribía Teilhard.

En cualquier lugar podemos sentirnos perdidos o visitados por la plenitud del tiempo y espacio. Sentirse consolado.

¡Encarnación y Nacimiento, dos acontecimientos que marcan el antes y después de la historia de la humanidad! María asombrada se descubre llamada a ser madre del Hijo del Altísimo. Para Dios nada hay imposible.

Hoy, la fidelidad es valor a la baja, sanea reconocer que somos pocos fiables y plagados de contradicciones. En medio de las calamidades es posible percibir la alegría del Creador.

A Etty Hillessum, en el infierno de los campos nazis le bastaba recordar las rosas rojas y amarillas de su lejana habitación para recuperarse del horror. El amor de Dios anida en las entretelas de todo lo que existe.

El devastado planeta tierra “gime y sufre dolores de parto”. El ser humano salió inacabado de las manos del Creador, pero su ingenio y destreza han abierto amplios espacios de creatividad y progreso. Dios es discreto y habla en susurros

En resumen, Fernández Martos finaliza: “me ha valido la pena esforzarme un poco y plasmar y desglosar la lectura del Cantar de los Cantares con el que lo inicie”.

Una lectura impresionante y fluida para descubrir a Dios de la vida y Señor de las paradojas. “Contemplaré las maravillas de tu voluntad” (Sal 119,18).

Autor

José María Fernández-Martos, sj, psicoterapeuta y visitador de cárceles, escribe esta obra en su madurez.

Pascual, V. SJ, escribe en el prólogo que este libro trata de lo humano para llegar a lo divino.

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Escrito por Marta Sánchez.

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