¿Qué sentido tiene el ayuno en Cuaresma?

Al comenzar la Cuaresma, nos propone de nuevo la liturgia, las tres prácticas penitenciales que son, como ya sabemos, la oración, el ayuno y la limosna, medios que nos ayudan a disponernos mejor para la Pascua.

La Cuaresma nos recuerda los cuarenta días que el Señor se retiró al desierto en oración y ayuno, antes de iniciar su vida pública. La Iglesia nos invita cada año a unirnos a éste Misterio de Jesús.

Nos queremos detener hoy en el ayuno, ya que a veces nos preguntamos qué sentido y qué valor tiene éste para los cristianos.

En primer lugar, la Iglesia nos invita a cumplir el precepto del ayuno y la abstinencia de carne, en los días señalados. Se nos pide éste el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo, así como abstinencia de comer carne todos los viernes durante este tiempo. (Compendio del Catecismo 432).

Esta manera concreta de vivir el ayuno nos ayuda a crecer en el espíritu verdadero de penitencia y alegría.

Ayunar significa abstenerse, privarnos de un placer alimentario o de cualquier otro bien o acción. Esta renuncia que hacemos, nos ayuda a hacernos cargo de nuestros propios apetitos de la naturaleza humana, debilitada por el pecado original.

Nos refuerza para luchar contra cualquier apego posible que esté desordenado, fortaleciendo nuestra voluntad, ayudándonos a desprendernos de nosotros mismos, para abrir nuestro corazón al amor de Dios, al seguimiento de Jesús y a darnos a los demás.

Esta renuncia nuestra ofrecida a Dios, es un sacrificio que debe estar presente en la vida del cristiano, haciéndonos de esta manera don total de uno mismo a Dios.

En la Constitución apostólica Pænitemini de 1966, Pablo VI identificaba la necesidad de situar el ayuno en el contexto de la llamada a todo cristiano a no “vivir para sí mismo, sino para aquél que lo amó y se entregó por él y a vivir también para los hermanos” (cfr. Cap. I).

Es un tiempo para creer, para recibir en nuestra vida a Dios y permitirle que ponga su mirada y morada en nosotros.

¿ De qué ayunar?

Podemos mencionar las palabras que Jesús dijo a los discípulos de Juan Bautista cuando le preguntaba: “¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, y tus discípulos no ayunan? Jesús les dijo: “¿Pueden acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán.» (Mt 9, 14-15).

Cuando decidimos ayunar, debe de hacerse con el anhelo de acercarnos a Dios, con un corazón arrepentido, abierto a escucharle y por lo tanto, dejando que Él haga en nosotros, y para ello, es importante que esté unido a la oración.

Existen distintas formas de ayuno, además de la abstinencia de alimentos.

Podemos ayunar por ejemplo del tabaco, del alcohol, de dulces…aquello que pueda ser mal sano para el cuerpo y nos cueste privarnos, o abstenernos de ver televisión, de imágenes violentas, de internet, de saturación de informaciones, de productos de consumo,…como nos decía el Papa el año pasado.

Ayuno

También podemos ayunar de ciertos pensamientos, actitudes o deseos que no son buenos ni constructivos. Contenernos de murmuraciones, de juzgar, de decir palabras hirientes, de ingratitud, de ira, de soberbia… en definitiva de aquellas actitudes contrarias a la virtud.

Renunciar con nuestros oídos de escuchar cosas que hablen mal de otras personas, de mentiras, chismes; ayunar con nuestras manos para ayudar al necesitado sin esperar nada a cambio, con nuestros pies para estar rápidos a la atención del que lo necesita.

El ayuno como vemos no puede separarse de la caridad fraterna. Si nos privamos de algo, es justamente para darlo al hermano y de éste modo, damos testimonio de nuestro amor a Dios, en lo escondido.

San Agustín mencionaba que si las privaciones son cristianas, ello nos hacia crecer en caridad, en generosidad y por lo tanto en santidad.

¿Frutos del ayuno?

El ayuno es beneficioso y recomendable. Nos permite llevar una vida más unida a Dios liberándonos de nuestro propio yo.

Nos libera de nuestros apegos terrenales y de aquellas cosas que nos pueden tener atadas, produciendo a veces en nosotros sin saberlo, una falta de paz.

Nos abre el corazón, nos fortalece y edifica nuestra vida para los demás.

En definitiva, nos conduce «a morir a uno mismo«, a ese arrepentimiento sincero de corazón y a ser transformado por el Señor, siendo instrumentos en sus manos.

El ayuno en la Biblia

La Sagrada Escritura nos muestra distintos tipos de ayuno a lo largo de ella, aquí os hacemos mención de algunos más significativos.

Al comienzo de la Biblia, Dios impone al hombre abstenerse de comer el fruto que estaba prohibido. «Dios impuso al hombre este mandamiento: «Puedes comer de cualquier árbol del jardín, pero no comerás del árbol de la ciencia del bien y del mal, porque el día que comieres de el morirás sin remedio»(Gn 2, 16-17), el cual como sabemos desobedeció.

Esdras antes de su viaje de vuelta, invitó al pueblo para ayunar, humillándose delante de Dios (8,21) para pedir su favor y protección, al cual Dios respondió.

Recordemos los habitantes de Nínive, cuando escucharon las palabras de Jonás pidiendo que se arrepintieran, y ellos dieron un testimonio sincero ante Dios ayunando: “A ver si Dios se arrepiente y se compadece, se aplaca el ardor de su ira y no perecemos” (3,9). Dios les perdonó viendo sus obras.

Podemos mencionar el libro de Esther (4,16) y otros tantas ocasiones donde el hombre a realizado ayuno y oración ante Dios.

En el Nuevo Testamento, Jesucristo, es el ejemplo principal, retirándose al desierto durante cuarenta días. El nos muestra la razón profunda del ayuno, éste debe estar unido a la conversión sincera reflejada no solo en palabras, sino también en nuestras obras.

Nos refiere en ocasiones la actitud de los fariseos, que observaban de manera escrupulosa la ley pero su corazón estaba de Dios alejado.

Por lo tanto, El nos da a conocer que el verdadero ayuno consiste en cumplir la voluntad del Padre.

Jesús nos da ejemplo de ello, cuando pasados los días en el desierto le responde al tentador «no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mt 4,4).

El verdadero ayuno tiene la finalidad de comer el verdadero alimento, que es hacer la voluntad de Dios.

Si nos fijamos en las primeras líneas, Adán desobedeció a Dios, comiendo del árbol que le había prohibido, con este ayuno nuestro nos despojamos de nosotros para servir a Dios.

El ayuno y los Padres de la Iglesia

Los Padres de la Iglesia también nos hablan de la importancia del ayuno.

Nos enseñan como éste ayuda a frenar el pecado, reprimiendo los deseos que no ayudan para abrir el corazón hacia Dios.

San Pedro Crisólogo, obispo y doctor de la Iglesia nos decía: “El ayuno es el alma de la oración, y la misericordia es la vida del ayuno. Por tanto, quien ora, que ayune; quien ayuna, que se compadezca; que preste oídos a quien le suplica aquel que, al suplicar, desea que se le oiga, pues Dios presta oído a quien no cierra los suyos al que le súplica” (Sermo 43: PL 52, 320, 332).

San Agustín, que como sabemos por su vida, conocía bien sus propias inclinaciones que le llevaban a pecar, nos dice: “Yo sufro, es verdad, para que Él me perdone; yo me castigo para que Él me socorra, para que yo sea agradable a sus ojos, para gustar su dulzura” (Sermo 400, 3, 3: PL 40, 708).

En éste abstenerse, el hombre facilita una disposición interior a escuchar la Palabra de Dios y nutrirse de ella, para que de esta manera experimentemos en nuestro corazón una profunda transformación con la ayuda también de la oración.

San Ambrosio nos dice que quien no se abstiene de las cosas lícitas, esta muy cerca por tanto de las ilícitas. Por ello, la renuncia nos hace libres y dentro de esta libertad, y de este dominio de uno mismo, es donde quiere Dios que le amemos.

Bibliografía recomendada

Destacamos algunos libros sobre el ayuno:

La murmuración
+ info imagen
Elías y el ayuno
+ info imagen
¿Por qué ayunar si no lo entiendo?
+ info imagen

Puedes visitar nuestra Red de librerías Paulinas para encontrar más libros sobre el ayuno, y además a través de: Librería Virtual Paulinas. 

Escrito por Mercedes Roldán.

5 comentarios en «¿Qué sentido tiene el ayuno en Cuaresma?»

  1. GRACIAS, Merche por este artículo tan importante que nos has hecho recordar que hay que dejar espacio para dejar entrar a Dios en nuestros corazones. Un abrazo.

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    • Gracias Emilia, me alegro de que te haya ayudado a recordar realmente la importancia de dejar espacio en nuestro corazón a Él.
      Un abrazo muy fuerte!!

      Responder

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