En torno a San Juan de la Cruz, se cumplen dos aniversarios muy importantes, y por este motivo se anunció el pasado 14 de diciembre de 2025 la celebración de un Año Jubilar Sanjuanista, concluyendo el 27 de diciembre de 2026.
Por una lado se conmemora el 300 aniversario de su canonización (1726) y por otro, el 100 aniversario de su nombramiento como Doctor de la Iglesia (1926), bajo el lema «La esperanza tanto alcanza cuanto espera».
Esta celebración ha sido impulsada por los Carmelitas Descalzos en España, convirtiendo de este modo en lugares sanjuanistas a Úbeda (lugar de su muerte), Segovia (lugar de su sepultura) y Fontiveros (localidad natal), centros de peregrinación que permiten a los fieles ganar el jubileo en este Año Santo, cumpliendo cada fiel con las condiciones habituales.
Un tiempo propicio para descubrir y profundizar en la figura de éste místico carmelita, acercándonos a su vida y palabra que nos ha dejado a través de su obra, siendo un mensaje de esperanza para toda la Iglesia.
¿Quién fue San Juan de la Cruz?
San Juan de la Cruz, es considerado como uno de los místicos más profundos y un gran poeta de la lengua española.
Juan de Yepes Álvarez, así se llamaba, nació en Fontiveros (Ávila) en 1542. De familia humilde y pobre, fue tras la muerte de su padre que tuvieron que emigrar a distintos pueblos cerca de su origen, quedándose por un tiempo mayor en Medina del Campo (1551).
En este tiempo, Juan fue admitido en el colegio de los Doctrinos, donde junto con otros compañeros recibían estudios elementales, comida y catequesis a cambio de ayudar en lo que se necesitaba como por ejemplo recoger limosnas para el monasterio. Más tarde se le acogió como enfermero y recadero, teniendo la oportunidad de ampliar sus estudios.
Recibiría formación de humanidades, Artes y materias de Filosofía, entre sus maestros más renombrados se recuerda al humanista y pedagogo Juan Bonifacio.
Sus estudios fueron interrumpidos a sus veintiún año, cuando decidió abrazar la vida religiosa en los carmelitas de Medina. Ingresaría en el convento de Santa Ana, a mediados de 1563. Cambió su apellido al vestir el hábito religioso, llamándose Juan de Santo Matía. Un año más tarde de su noviciado emitió su profesión en la Orden del Carmen. Después de emitir sus votos religiosos, siguió sus estudios junto con otros compañeros en Salamanca. Estando allí, recibió la ordenación sacerdotal.
Antes de inscribirse en el último año de curso (1567-1568), pensaba dejar la Orden del Carmen e ir a la Cartuja. En este verano de 1567, en su primera misa en Medina del Campo, coincidió con santa Teresa, que ultimaba los detalles y trámites para su segunda fundación femenina.
Ella le habló sobre su proyecto de reformar la rama masculina de la Orden. Ambos estudiaron éste mismo y se entendieron desplazándose fray Juan a Ávila el verano de 1568 para reunir las cosas necesarias y trasladarse a Duruelo, donde estaba el lugar que acogería la primera comunidad masculina.
Esta nueva fundación, compuesta por fray Juan y tres compañeros fue inaugurada oficialmente el 28 de noviembre de 1568. Cuando renovó su profesión religiosa, cambió su nombre llamándose Juan de la Cruz. Fue maestro de novicios, profesor, rector del primer colegio fundado por la incipiente reforma carmelitana en Alcalá de Henares, superior en los conventos de Duruelo y Mancera.
Cabe mencionar el arresto que tuvo a principios de diciembre, donde se vio arrancado de su casa y trasladado a Toledo por los carmelitas de la antigua observancia, condenado a cárcel conventual por contumaz y desobediente. Él fue una de las victimas de este conflicto jurisdiccional entre las dos ramas. Fueron más de ocho meses los que pasó allí, escapando a mediados de agosto (1578) y poniéndole a buen recaudo el benefactor Pedro González de Mendoza.
Después de este incidente fue nombrado prior de El Calvario, así como rector del colegio de Baeza (Jaén). Más tarde sería elegido superior de los Mártires (1582), tomando posesión en Granada donde permaneció varios años. Después volvió a Segovia, con distintos cargos, y un poco antes de su marcha a México, la enfermedad fue su comienzo de su lento morir.
Por falta de medios en su convento, se trasladó a Úbeda donde murió. Sus restos fueron trasladados en mayo de 1593 a Segovia donde reposan. Los procesos para su beatificación y canonización se iniciaron en 1614, concluyéndose en 1630.
Se retrasó todo el proceso siendo beatificado el 27 de enero de 1675 y canonizado el 27 de diciembre de 1726. Fue proclamado Doctor de la Iglesia el 24 de agosto de 1926 por Pio XI. A su vez, Juan Pablo II le nombró patrono de los poetas españoles en marzo de 1993.
Espiritualidad y escritos de San Juan de la Cruz
A San Juan de la Cruz, no se le considera un escritor vocacionado. Él escribía para enseñar, tenía una gran capacidad para llegar a sus oyentes, a los que aconsejaba de manera personal. Fue su inquietud de ayudar a los que ya habían realizado un camino y se encontraban con las dificultades propias para el seguimiento.
Vemos en él como su experiencia personal del sufrimiento y la relación que tiene entre su doctrina y su vida dan credibilidad a lo que trasmite, siendo importante este testimonio para los demás.
Consideraba que tener todos los bienes del mundo, no valían la pena si les faltaba Jesús, teniéndole a Él era lo principal.
Al inicio del «Cántico Espiritual« recoge la experiencia que marca el inicio de todo verdadero proceso de conversión cristiana. Éste consiste en «caer en la cuenta», asumir que el cristianismo no es un conjunto de doctrinas, de ritos o de normas morales, sino el encuentro con el amor incomprensible de un Dios que nos ha creado y nos ha redimido por amor.
Por este motivo, la persona enamorada se esfuerza por «imitar a Cristo en todas sus cosas, conformándose con su vida, la cual debe considerar para saber imitarla y actuar en todas las cosas como actuaría Él»
Decía san Juan de la Cruz que nuestro corazón tiene capacidad infinita, por eso no se llena con menos que con Dios.
Escritos
Las obras que se consideran más importantes es el conjunto de poemas que están incluidos en el «Cántico espiritual», «Noche oscura del alma» y «Llama de amor viva», siendo a su vez, cumbres de la literatura española. También están sus comentarios en prosa como «Subida del Monte Carmelo». Todos ellos explican el difícil camino de nuestra alma a Dios.
En el tiempo de su encarcelamiento, compuso las distintas composiciones poéticas: las primeras treinta y una estrofas del «Cántico espiritual«, el poema de «La Fonte«, los nueve «Romances sobre el Evangelio» y sobre el salmo «Super flumina«.
Destacamos también la obra que se titula «Dichos de Luz y Amor», cuyo origen era lo que repartía a sus amigos y dirigidos, como alguna frase o dibujo.
Se conservan también algunas cartas y obras menores, así como unas pocas poesías.
"No me quitarás, Dios mío, lo que una vez me diste en tu único Hijo Jesucristo, en que me diste todo lo que quiero; por eso me holgaré que no te tardarás si yo espero. Míos son los cielos y mía es la tierra; mías son las gentes, los justos son míos, y míos los pecadores; los ángeles son míos, y la Madre de Dios, y todas las cosas son mías, y el mismo Dios es mío y para mí, porque Cristo es mío y todo para mí. Pues, ¿Qué pides y buscas, alma mía? Tuyo es todo esto y todo es para ti. No te pongas en menos ni repares en migajas que se caen de la mesa de tu Padre. Sal fuera y gloríate en tu gloria; escóndete en ella y goza, y alcanzarás las peticiones de tu corazón." (San Juan de la Cruz)
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